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¿Por Qué Las Iglesias Deberían Reconsiderar El Salario De Su Predicador?

Por Wes McAdams, traducido con permiso por Marlon Retana.
El artículo original, en inglés, se encuentra en este enlace.

El trabajo que hace un predicador y el dinero que lleva a casa parece ser algo muy simple para la mayoría de los miembros de la iglesia, “Nuestro predicador ‘ministra’ para esta congregación – él visita a los enfermos, él aconseja, él evangeliza, él predica, él enseña, él escribe artículos para el boletín, y hace cualquier otra cosa que pidamos de él – y le pagamos para hacer esas cosas por nosotros. Así es como la mayoría de los Cristianos piensan de su predicador y en el “salario” que le pagan. Pero, ¿es realmente la forma en que debemos pensar? Personalmente, no lo creo. Aquí hay algunas cosas a considerar …

1. Deje De Pensar Que Su Predicador Lo Hace Por La Paga.

La mayoría de los miembros de la iglesia piensan que su predicador hace las cosas que hace porque le pagan para hacerlo. Creo que esta es una forma inversa de pensar en la situación. Es mucho más saludable pensarlo así: “el predicador ha comprometido su vida a la proclamación del Evangelio y lo apoyamos económicamente en ese esfuerzo”. Él no lo hace porque usted le da dinero; usted le da dinero porque él lo hace.

El apóstol Pablo renunció a su derecho a recolectar apoyo financiero de la mayoría de las congregaciones con las que trabajaba, pero afirmó que las congregaciones deben apoyar a aquellos que trabajan difundiendo el Evangelio (1 Corintios 9). La iglesia debe apoyar a tantos predicadores, maestros, evangelistas y misioneros como sean capaces de apoyar. Cuando los hombres quieren dedicar sus vidas a la proclamación del Evangelio, debemos considerar nuestro privilegio y gozo el apoyar a tales hombres.

2. Deje De Pensar Que Su Predicador Lo Hace Por Usted.

La mayoría de los miembros de la iglesia piensan en su predicador como “el ministro” (siervo) de la congregación. Consideran que es su trabajo hacer el aconsejar, visitar, evangelizar, enseñar, etc. Y si queremos admitirlo o no, mucho de esto proviene del hecho de que no queremos hacer este trabajo, o no pensamos que tenemos el tiempo, así que por ello lo hemos contratado.

Decimos cosas como: “no sé cómo hacerlo, y no tengo tiempo para ir al hospital y visitar a todas esas personas enfermas o tener estudios bíblicos con personas perdidas; y es por eso que le pagamos al ministro”. Pero no podríamos estar más equivocados por pensar de esta forma.

No hay, absolutamente, precedente bíblico para contratar a alguien que haga el trabajo que deberíamos hacer. De hecho, una de las tareas del evangelista es “equipar” a los miembros para hacer “la obra del ministerio” (Efesios 4:11-12). Usted no apoya a un predicador para que pueda relevarlo de su trabajo; usted apoya a un predicador, en parte, para ayudarle a usted a equiparse y motivarse a hacer el trabajo que debería estar haciendo.

Claro que él ayuda a equipar a la congregación a través de un buen ejemplo de servicio, pero si él alguna vez empieza a hacer su trabajo por usted, lo que estará haciendo es eximirle en lugar de equiparle. Y muchos predicadores necesitan dejar de eximir a la congregación y comenzar a equipar a la congregación.

3. Deje De Pensar Que Su Predicador Le Pertenece.

Cuando una congregación piensa en su predicador como su empleado, ellos malinterpretan la situación. El predicador no trabaja para la congregación. Él no trabaja para los ancianos. Él trabaja para el Señor. Pablo llama al predicador “el siervo del Señor” (2 Timoteo 2:24); y eso es lo que es un predicador es, el siervo del Señor. No nuestro siervo.

Claro el predicador y su trabajo están bajo la supervisión de los ancianos locales. Los ancianos pastorean al predicador, ayudándole a equilibrar el trabajo que hace específicamente para la iglesia local y el trabajo que hace por el Reino. Un predicador y sus ancianos pueden decidir que su trabajo debe enfocarse principalmente – o incluso exclusivamente – en el trabajo local; mientras que otro predicador y sus ancianos pueden decidir enfocar más sus habilidades y destrezas en difundir el evangelio en todo el mundo.

Es una lástima que una congregación piense que su predicador les pertenece y que están resentidos por el tiempo que pasa predicando y enseñando en otros lugares. Deben darse cuenta de que es debido a su apoyo financiero que él es capaz de predicar el evangelio en lugares que no podían permitirse el lujo de apoyarlo, o tal vez a algún predicador, a tiempo completo.

4. Deje Que Su Predicador Sea Un Miembro De Su Congregación

Cuando las congregaciones piensan en su predicador como un empleado que les pertenece, a menudo no lo tratan como un miembro de la congregación. Nuestros predicadores necesitan ser capaces de participar en la comunión, de aprender, de confesar sus pecados y dificultades, de ser alentados, de ser aconsejados, y de tener todos los beneficios que disfrutamos como miembros de una familia de la iglesia. Pero a menudo les negamos esas bendiciones porque los tratamos como nuestros empleados.

​Considere algunas de estas preguntas:

  • ¿Su predicador siempre está enseñando una clase bíblica, o lo dejan ser un estudiante en ocasiones?
  • ¿Espera que su predicador sea siempre el que le enseñe, aconseje y anime, o usted se ofrece a escucharle también?
  • ¿Cómo se siente el predicador de su congregación, como un miembro o como un empleado?

Conclusión.

La conclusión es esta, tenemos que dejar de pensar que el dinero que le damos a nuestros predicadores los hace estar en deuda con nosotros. En cambio, debemos considerar nuestro privilegio el poder apoyar a los hombres que proclaman fielmente y diligentemente el mensaje del Evangelio en nuestra congregación y en otros lugares. Debemos alentarlos tanto como podamos en el trabajo que hacen.

Personalmente, estoy muy agradecido de que la congregación con la que trabajo me apoya en difundir el Evangelio, al tiempo que me permite ser miembro de la congregación. No podría pedir una mejor congregación. Espero que otras congregaciones traten a sus predicadores de la misma manera.

​Les amo y Dios les ama.

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